En Viña Concha y Toro, por ejemplo, el 56,6% de los ingresos del segundo trimestre provino de vinos premium o superiores, mientras que en 2017 era menos de 40%
Aunque las cifras globales muestran una contracción del consumo de vino —un 3,3% menos en 2024 según la OIV—, asumir que la industria está en declive sería subestimar las oportunidades que la categoría ofrece. Lo que realmente ocurre es una transformación profunda, una reinvención que abre la categoría a nuevos públicos, ocasiones y estilos de consumo.
Hoy, el vino se diversifica y se adapta. La premiumización, aunque más pausada que años atrás, sigue avanzando. Los consumidores prefieren vinos de mayor valor a medida que se sofistican en sus gustos y lo mismo ha sucedido con las ocasiones de consumo en el hogar. Ante las presiones inflacionarias que hemos visto los últimos años, las personas prefieren quedarse en sus casas y gastar en un vino de mejor calidad.
En Viña Concha y Toro, por ejemplo, el 56,6% de los ingresos del segundo trimestre provino de vinos premium o superiores, mientras que en 2017 era menos de 40%.
También crecen los vinos frescos —blancos y rosados—, los productos dulces y los cócteles con base en vino, ya sea vino espumante o tradicional. Ante los cambios climáticos que impactan en veranos con temperaturas más altas, las personas están buscando esa frescura en sus copas. En paralelo, algunos consumidores quieren salir de lo tradicional, experimentar con nuevas mezclas: agregar hielo, helado o frutas ya no es algo prohibido en el mundo del vino.
También emerge con fuerza una categoría que hasta hace poco parecía muy marginal: los productos bajos en alcohol o sin alcohol. Este fenómeno, si bien es aún un volumen pequeño de las ventas, responde tanto a cambios en los hábitos, como a una apertura hacia públicos que antes no se sentían parte de la categoría.
En Chile, la encuesta Criteria realizada en conjunto con Vinos de Chile, reveló que al 40% de los menores de 30 años les gusta el vino. Este grupo consume la categoría en preparaciones como sangría, terremoto o el muy tradicional melón con vino. En estas preparaciones, el gusto por el vino aumenta significativamente en los grupos más jóvenes. Esta tendencia muestra que el vino está siendo parte de este tipo de experiencias, más lúdicas y accesibles, fuera de las cepas tradicionales.
Además, el interés por conocer más sobre el vino sigue vivo: un 60% de los encuestados por Criteria así lo afirma. Este dato es clave, porque revela que el vino no solo se consume, sino que también se valora como parte de una cultura que sigue despertando curiosidad. El vino, en un país como Chile, sigue siendo parte de nuestra historia, un aprendizaje que se genera desde la familia y que tiene un fuerte arraigo cultural.
El vino está reinventándose y parece estar logrando esa conquista de nuevos públicos. En una industria que ha sido particularmente tradicional en su historia, hemos debido adaptarnos a estas nuevas tendencias entendiendo que lo que le guste a la persona de marketing o al enólogo o enóloga, no es necesariamente lo que le gusta al consumidor. Nuestra misión hoy, no es olvidarnos de las cepas o los terroirs, pero sí ser capaces de adaptarnos para capturar a estos nuevos consumidores y estas nuevas ocasiones de consumo con una oferta nueva y variada en la categoría.
Fuente: Latercera.com