Incendios forestales en el Amazonas: las claves para comprender un fenómeno planetario

Según datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, este año ha habido un 83% más de focos de incendio que en 2018 (Mundo Agropecuario)

Hoy es el incendio en el Amazonas, pero antes fue Australia, California o el territorio chileno. Las condiciones que aumentan el riesgo de incendio están cada vez más presentes en distintas partes del planeta, y con ello, crece la posibilidad de estas mega catástrofes.

Así lo explicó el Dr. Eduardo Peña, académico de la Facultad de Ciencias Forestales y especialista en Ecología del Fuego, estudio que se encarga de analizar cómo ocurren y qué efectos tienen los incendios en los ecosistemas.

Peña precisó que en el caso del Amazonas la situación es de extrema gravedad, “porque afecta a bosques nativos viejos, que durante miles de años han formado suelos, favoreciendo a toda la diversidad y los procesos ecosistémicos, como el ciclo hidrológico”. Cuando estos bosques se destruyen, señaló el académico, el suelo disminuye su capacidad de absorción del agua. Sin embargo, el incendio no es lo peor que puede pasarle a un bosque: por lo general, el bosque nativo tiene la capacidad de recuperarse, pero el riesgo mayor es que se ocupen las superficies quemadas para agricultura o ganadería, lo que transformaría esa zona del planeta para siempre.

Si bien los incendios forestales son eventos comunes, el especialista señala que hoy más que nunca se cumplen las condiciones ideales para la ocurrencia de estos fenómenos con características incontrolables. Esto es lo que se conoce como el factor 30-30-30: humedad menor al 30%, vientos de más de 30 kilómetros por hora y temperatura ambiental sobre 30 grados. Si a esto se suma una pendiente inclinada en más de 30 grados, la dificultad para los equipos terrestres encargados de controlar el incendio aumenta, y con ello se pierde control sobre el siniestro.

Según datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, este año ha habido un 83% más de focos de incendio que en 2018, y más de la mitad de ellos ha ocurrido en el Amazonas, mientras que otro incendio está sin control en la frontera entre Paraguay y Bolivia, con más de 600 mil hectáreas afectadas.

Tomando como experiencia el trabajo desarrollado después de los incendios de 2017 en la Región de Biobío, Peña comentó que “la vegetación resiste más de lo que uno cree. En los incendios de Florida, hicimos una evaluación y detectamos que el 100% de las especies nativas rebrotaron después del incendio. El problema es que si cambiamos el uso de la tierra se pierde ese efecto. Eso ya depende de las políticas de cada país”.

Respecto a las medidas que pueden tomar los países para prevenir que estas catástrofes se vuelvan incontrolables y en el contexto en la próxima COP25 sobre cambio climático, el especialista indicó que es necesario aumentar las medidas de prevención existentes y preocuparse además por los centros poblados que pueden estar en riesgo. Hoy, por ejemplo, lo que se hace es reducir el material combustible, con acciones tales como separar predios mediante zanjas sin vegetación.

Sin embargo, una vez que el fuego está descontrolado, solo queda intentar contener. “Los grandes incendios casi no se pueden controlar. El de 2017 se apagó con la lluvia y en la Amazonia va a ocurrir lo mismo”, sentenció.

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