El riego en postcosecha en el sur de Chile y su impacto en el desarrollo de las plantas

El déficit hídrico es uno de los tipos de estrés abióticos más negativos para la producción agrícola y éste se proyecta en el sur de Chile con una tendencia a seguir aumentando en los próximos años, de acuerdo a especialistas (Mundo Agropecuario).

No es sorpresa cómo han variado las precipitaciones en nuestro país en las últimas décadas. Si bien, el agua obedece a ciclos como otros recursos en la naturaleza; la distribución, intensidad y frecuencia de estas han ido cambiando significativamente debido a una continua variabilidad climática mundial, regional y local.

Lo anterior las hace deficitarias en etapas críticas o inoportunas en época de cosecha. El déficit hídrico es uno de los tipos de estrés abióticos más negativos para la producción agrícola y éste se proyecta en el sur de Chile con una tendencia a seguir aumentando en los próximos años, de acuerdo a los especialistas, entre ellos el Dr. Tomás Lobos, académico del Instituto de Producción y Sanidad Vegetal de la Universidad Austral de Chile.

Dentro de los efectos, afirma que la carencia de precipitaciones ocasionaría daño interno en la planta, lo que puede afectar negativamente el crecimiento y desarrollo de las mismas, el rendimiento final, la calidad de fruta, vida de postcosecha y comprometer el número de yemas florales para la siguiente temporada, según la especie.

“Este último punto es de vital importancia, ya que de esto dependen los rendimientos finales de cada temporada y las proyecciones económicas a mediano y largo plazo de los productores. Por lo tanto, se podría considerar un error desentenderse de las necesidades hídricas de la planta una vez que toda la fruta ha sido cosechada”, recalca el Prof. Lobos, especialista en frutales.

Indica que las plantas tienen dos épocas de crecimiento de raíces; una a principio y otra poco después de la cosecha (final de temporada), donde la primera, es satisfecha en la mayoría de los casos producto de la humedad suelo acumulada a salida de invierno.

Sin embargo, para la segunda, “muchas veces coincide con que existe poca humedad o ésta se encuentra fuera del agua aprovechable para las plantas y, dada la cercanía del otoño, erróneamente se piensa que bastaría para compensar las menores necesidades hídricas de la planta para ese momento de la temporada”, subraya el investigador de la UACh.

En los últimos años, sostiene que se han presentado otoños secos, lo que seguiría acrecentando aún más la necesidad de controlar la humedad en el suelo en el período de postcosecha.

En este contexto, el Dr. Eduardo von Bennewitz, académico perteneciente al mismo instituto, comenta que una adecuada implementación tanto de las tecnologías, como de la programación de riego son factores críticos que influirán fuertemente sobre los rendimientos y calidad de la fruta.

“Un riego inadecuado puede producir una reducción del tamaño y alterar la forma de los frutos, afectando su calibre y los precios que puedan obtener los productores. El estrés hídrico, causado tanto por un déficit como por un exceso de humedad en el suelo puede contribuir además a aumentar la incidencia y severidad de desórdenes fisiológicos en los frutos como por ejemplo “bitter pit” y “cork spot” en pomáceas”, explica el docente.

De igual modo, von Bennewitz, expresa que un exceso de humedad en el suelo, puede contribuir al desarrollo de enfermedades del suelo tales como Phytophthora o también limitar la capacidad de las raíces para absorber elementos minerales como el calcio, lo cual también contribuirá a afectar tanto la calidad, como la capacidad de guarda de los frutos.

Visión desde el suelo y riego

Para la Dra. Dorota Dec, académica de Instituto de Ingeniería Agraria y Suelos de UACh, indica, que es “muy importante es la consideración del tipo de suelo y su variabilidad espacio-temporal.

“Los suelos que predominan en el centro-sur de Chile son descritos como Andisoles y presentan muy particulares propiedades físico-hidráulicas, las cuales les distinguen de otros suelos del mundo. Además de tener un alto contenido de materia orgánica, presentan muy baja densidad aparente, gran volumen de poros a distintos potenciales mátricos, gran capacidad de almacenamiento del agua y alta conductividad hidráulica en fase saturada y no saturada”, relata la científica.

Recalca que algunas de estas propiedades hacen que el suelo se humedezca, pero también se seque rápidamente, alcanzando temporalmente los niveles del agua en rango no aprovechable para las plantas cuando aumenta la evapotranspiración de los cultivos.

“Esta situación muestra la necesidad de aplicación de riego. Tomando en cuenta la relevancia  de riego eficiente en agricultura, muy importante es la consideración de alta variabilidad en el tiempo y espacio de las propiedades que presenten estos suelos, que ha sido determinada por varios científicos que trabajan con suelos de origen volcánico”, explica la Profesora Dec.

Por último, el Dr. Rafael López Olivari, investigador en ciencias del riego de INIA Carillanca, comenta que, bajo nuevos escenarios de déficit hídrico en la zona sur de Chile, principalmente desde La Araucanía al sur, se hace “imprescindible poder optimizar y ser más eficientes en la utilización del agua de riego para potenciar e incluso maximizar el objetivo productivo de los cultivos frutales”.

Expresa que para manejar el riego de una manera óptima es necesario realizar una programación de riego específica y dinámica para cada lugar considerando las propiedades físico-hídricas del suelo de cada estrata en el perfil de suelo, profundidad efectiva de raíces, especie y/o variedad, variables meteorológicas y por último el método de riego.

Una vez dominado lo anterior, el Dr. López señala que es posible incorporar, potencialmente, herramientas hídricas frente a nuevos escenarios de restricción como son las siguientes estrategias:

  • Riego Deficitario Sostenido que se basa en una restricción de agua uniforme durante todo el período fenológico, dependiendo de los requerimientos del cultivo;
  • Riego Deficitario Regulado o controlado que consiste en aplicar sólo una parte del agua perdida a través de la evapotranspiración realizada en un estado fenológico de la planta en el que no se afecta su desarrollo ni la calidad de sus frutos a cosechar y
  • Secado Parcial de Raíces que implica en someter una parte del sistema radicular a déficit hídrico mientras la otra se mantiene irrigada y viceversa (siguiente riego).

“Lo anterior, conlleva a la incorporación de agua de riego en momentos claves del cultivo sin que sufra un estrés importante que provoque daño a la planta”, recalca el investigador de INIA.

Finalmente, sostiene que es importante considerar que las aplicaciones de agua de riego intra predial (gestión hídrica intra predial) deben realizarse durante todo el período de crecimiento y desarrollo de las plantas inclusive en postcosecha, ya que en la mayoría de las especies frutícolas mantienen sus hojas verdes lo que significa que aún están fotosintetizando, es decir, durante la incorporación de carbono y así acumular reservas para el invierno.

En este sentido los investigadores coinciden que existe un crecimiento de las raíces y por este motivo es indispensable regar después de la cosecha, ya que coincide en algunas especies con la inducción y diferenciación floral para la temporada siguiente. Al no haber un adecuado manejo del agua de riego a través de una óptima programación de riego en postcosecha se puede afectar considerablemente el objetivo productivo.

 

 

 

 

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